miércoles, mayo 04, 2011

Recuerdo aquellos años 90's ...

Hoy redescubrí una canción, o mejor dicho, una canción me redescubrió a mí.

Sucedió de casualidad, como todo lo bonito.

Estaba en la oficina haciendo un documento y en medio de las oraciones y la hoja en Word, mi mente se puso en blanco por un segundo y acto seguido mi cerebro optó por prestar atención a la información que le llegaba por el oído derecho, donde del audífono salía una melodía y letra conocidas, pero nunca antes interiorizadas como hoy.

Y presté atención a lo que escuchaba y decía algo así como:

“Yeah there’s a hole in my soul, but one thing I’ve learned:

for every love letter written, there’s another one burned.

So you tell me how it’s gonna be this time.”

Y en efecto, era la vieja canción de Aerosmith. Esa que escuché muchas veces sin prestar mayor atención, y que ahora, mientras avanzaba, se descifraba palabra por palabra. Entonces el washu washu que yo normalmente cantaba antes del coro, que normalmente si pronuncio bien, tuvo sentido, y tuvo tanto sentido que me conmovió, casi hasta las lágrimas.

Lo primero que pensé fue: ¡Oh por Dios! ¿Quién le hizo tanto daño al pobre Steven Tyler?, y acto seguido me tele transporté a los 90’s, tan estereotipados pero reivindicatorios a la vez (para muestra, el video de la canción donde el nerd luego de fallar en su intento por encontrar el amor en la clonación, descubre que siempre estuvo ahí, en la rubilinda y casi imperceptible chica que lo quería en silencio).

La canción me llevo a mi antigua casa en Cusco, y a la antigua radiola de la abuela, (aunque suene bizarro), pero al mismo tiempo me recordó capítulos de ciertos veranos en Lima. Lo más gracioso era recordarme de 11 o 12 años cantando a voz en cuello desde mi juvenil corazón ese coro tan desgarrador.

Y me causaron más gracia las ironías de la vida, ese contraste que noté cuando recordé que a esa edad nadie me había roto el corazón, pero parecía entender la canción mucho mejor que hoy, a los 24, en que no diferenciaba palabras y solo atendía a los gritos de Tyler, a pesar de llevar a cuestas el haber pegado dos veces esa delicada porcelana cardiaca.

Y justo antes de volver al documento y el trabajo se me ocurrió que debería haber una lista de canciones para curar el broken heart. Un setlist así bien corta venas que esté en todo playlist listo para romper en caso de emergencia.

Mientras me animo a hacer el mio y/o mientras alguno de ustedes lectores (si es que existen y no están en mi imaginación) se animan a comentar este post con el nombre de la canción, artista y disco de su preferencia, les dejo con el tema que motivó estas líneas.

Algo así como una ficha técnica:

La canción, como ya sabrán, se llama Hole in my Soul y es del disco Nine Lives de 1997. Al parecer Steven, Joe y un tal Desmond Child la escribieron juntos. Pese a que busqué alguna anécdota interesante, no encontré ninguna salvo que en el video apareció la regia de Eva Mendes, mil años más joven, obviamente.

Y bueno ahí les va. Para todos los que crecimos en los 90's (época de talk shows, baile del chino y  periódicos chichas, sin ponernos políticos, claro):

Hole in my Soul / Aerosmith



martes, abril 26, 2011

Todos vuelven, o lo que faltó decir de los reencuentros

El post que antecede a este ha generado comentarios de varias personas. Muchas de ellas consideran que faltó detallar algunas cosas. Pero es que hay tanto que decir sobre las reapariciones, es más, su origen es igual de complejo. Todo empieza con una ruptura, un quiebre emocional.
Por dónde empezar a explicar el por qué de un reencuentro si es que la complejidad de las rupturas supera la realidad y la ficción.

Cuando terminas, ¿terminas, o empiezas un nuevo capitulo en la historia?. ¿Las despedidas son necesariamente el fin de algo o es dejar algo sin terminar?¿son las despedidas historias inconclusas?

No se tiene la certeza de cuándo es que realmente se dice adiós, nunca uno de esos ha significado un para siempre.¿Cuándo es que una historia se acaba?, ¿qué es lo que reamente terminamos cuando terminamos?

Estos días he meditado mucho sobre los juegos mentales que nos pone el destino, esas casualidades de las que somos víctimas muchas veces, y he llegado a la conclusión de que mientras más creemos haber terminado una historia, mayores son las probabilidades de estar equivocados.

El mundo da vueltas, y la vida te da sorpresas, solo queda esperar que estas sean gratas (en la medida de lo posible).

Los dejo con un reencuentro conmovedor y clásico del cine, un peliculón que no deben dejar de ver. Además les dejo la canción de la misma película.
Barbra, eres "demasiadisimo".

Final de la película The way we were / Sydney Pollack



The way we were / Barbra Streisand

 

miércoles, abril 06, 2011

Todos vuelven... o tiempo después

Sí, este es un post vivencial mal, pero no solo porque se trata de mí, sino de todos ustedes, no solo porque a todos nos ha pasado alguna vez, si no porque en algún momento lo hemos hecho o lo vamos a hacer.

“El amor es lindo… hasta que se acaba” y todos tenemos un ex.

Lo curioso es la necesidad innata, casi primitiva que hemos desarrollado con el tiempo, de volver a tomar contacto, saber que fue de él, o ella según sea el caso.

No podemos seguir por la vida como obviando ciertos capítulos, volteando las páginas. En algún momento, (independientemente de la teoría de Sex and the City, que dice que el tiempo para olvidar a alguien es directamente proporcional a la mitad del tiempo que estuviste con esa persona) buscamos, escribimos, llamamos o contactamos al que fue.

Me pasó hace unos meses, (y si estás leyendo esto, bueno, muchas de estas cosas pasaban por mi cabeza mientras hablabas, espero que eso explique algunos silencios incómodos) yo andaba por la vida pensando que no había más que decir, pero aparentemente él no.

Una noche, cinco años después de decir “hasta aquí no más” un mensaje al inbox de mi cuenta en Facebook me sorprendió, a mí y a la Marcela de 19 años que había dejado atrás.

Fue interesante, pero lo más interesante fue percatarme de que no era la única a la que le pasaba. Los fantasmas del pasado nos asechan siempre, pero solo algunos tienen el coraje de aparecerse.

Y ahora que la web es 2.0, ¿quién no ha buscado a su ex en Facebook? Quien no lo haya hecho que sea el primero en bloquearlo de su cuenta.

Pero las cosas van más allá. Hay de los que terminan una relación de más de una década y se buscan a otra a la mañana siguiente, pero eso sí, no olvidan saludarte el día de tu cumpleaños, ¡plop!

Hay también de los que terminan gritando a los cuatro vientos su odio, pero llaman el día de navidad, con la melancolía en la garganta y la nostalgia en el corazón.

Hay de los que no llamaban nunca e incluso no contestaban el teléfono cuando eran pareja, pero hoy por hoy lo hacen religiosamente una vez por semana (solo Dios sabe por qué). ¡Re plop!

Incluso, hay de los que, a pesar de que nunca fue, sienten el bicho del arrepentimiento, la voz de la conciencia, y (años luz después) en pocas palabras dicen “lo siento”.

Y los otros, que son los más comunes, son de los que llaman o escriben para tantear, saber que es de tu vida, si te enamoraste otra vez, saber si eres feliz.

¿Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde? O queremos pretender que no perdimos.

Nunca lo hice, no me arriesgo a decir que nunca lo haré, pero, cuando se me ha pasado por la cabeza lo he meditado y he pensado seriamente en la teoría de acción y reacción.

Terminar una relación significativa no es fácil, es tedioso, doloroso, desgastante. ¿Es necesario remover los escombros llamando o escribiendo? Si la mar ya está serena, serena está la mar, no hay razón para despertar un tsunami.

El tiempo pasa, las heridas cierran y las cicatrices se borran (aunque no lo crean) otras personas llegan a tu vida, te enamoras, sale el sol. Tres son multitud ¿no?, mejor no exponerse ni exponer a terceras personas en situaciones algo incómodas.

“Lo que pasó, pasó, entre tú y yo”, digamos que existen versiones de una misma cuando se está con alguien, pero al terminar y con ayuda del tiempo, se va evolucionando. Tonto pensar que en un inminente reencuentro todo será como antes.

Lo ideal es recordar con gratitud los buenos momentos y dejarle al destino los juegos mentales. Por lo demás se puede vivir en paz dejando vivir en paz.

Y otra cosa, si van a cerrar algo, que sean capítulos, a nadie le gusta coleccionar los mismos tomos de la enciclopedia una y otra vez.

Otra vez les dejo a KT, y además el trailer de una peli que estrenan la próxima semana, parece ser divertida y toca un tema muy de moda que espero poder desarrollar en un post más adelante (si la creatividad me da).

Ashes / KT Tunstall



Qué pena tu vida  

martes, abril 05, 2011

O T O Ñ O...ño, ño!!!

Cuando al fin estaba a punto de escribir sobre el verano, me cayó el otoño y su neblina mañanera.

Hoy que quería escribir algo alegre, fresco y veraniego, me invadió la nostalgia, me acompañó el viento de la tarde y me recibió en casa la mantita de media estación.

El otoño es complicado, caprichoso. Es un invierno tela, hace que en las mañanas demores en elegir lo que te vas a poner, y que generalmente te equivoques, o mueres de frío o mueres de calor.

Es medio monse porque si el verano es juerguero, la primavera es romántica, y el invierno meditabundo, el otoño es un indefinido, un confundido. ¿Alguien sabe cuándo realmente empieza y cuándo termina?

Entra en nuestras vidas de forma muy caleta. Es esa corriente de aire que sientes en la noche antes de dormir y te hace pensar si debes o no cerrar la ventana. Es el que te dice que el día empieza más tarde, que la noche llega más rápido, que la fiesta terminó.

Pero ayuda a tu cerebro y tu cuerpo a asimilar algunas cosas como la idea de dejar de andar por las playas del sur ligera de ropas, de que el sol no saldrá en los próximos meses, que el cielo será gris y que no habrá sunset que separe el día de la repentina noche.

El otoño ayuda a no frenar en seco, a bajar las revoluciones gradualmente, a volver a tomar cafés con tus amigos, comer pastas en lugar de ceviches y tiraditos. Nos aterriza sutilmente, nos despierta del sueño veraniego -Miami Vice -del fin de semana.

Y nos deja Lima, la invernal, en su faceta menos agraciada, pero más real y menos figureti.

El texto anterior fue el pretexto para poder dejarles esta canción, que me suena tan otoñal que no me resistí.

Under the weather / KT Tunstall

 

jueves, febrero 24, 2011

Sí que era nuestra banda!!!

Cultura Profética / Del tope al fondo

viernes, enero 21, 2011

(Des)encuentros

Ahora que tengo tiempo y los días pasan un poco más despacio que lo habitual pensé que era oportuno hacer algo que durante dos años había pospuesto más de una vez.

Y entonces decidí armar las maletas, tomar un avión y aparecerme de sorpresa en casa de mi abuela, 3399 metros sobre el nivel del mar.

Si bien es cierto, la sorpresa les cayó muy bien a mis abuelos maternos, la ciudad no me recibió del todo bien. Un desesperante dolor de cabeza y un frío penetrante me tuvieron en cama la tarde que llegué y sí, estuve a punta de mate de coca.

Pero era tiempo de felicidad, de buena vibra, y como si el destino, jodido como siempre, hubiera movido sus hilos, ¡sorpresa!

El abuelo que nunca tuve cerca, el padre que nunca reconoció al mío, esa figura ausente de la que solo se comentaba muy esporádicamente, había fallecido, casualidades de la vida, el mismo día de mi llegada.

Luego de una breve conversación con mi papá decidí, por voluntad propia, ir a su velorio.

La vida y el destino obran de forma bastante compleja, y traen consigo toda esa vorágine de sentimientos extraños.

¿Cómo sentir pena por alguien a quien no conociste?

Cuando me dieron la noticia lo primero que pregunté fue cuál es el protocolo, qué debo hacer, sentir o pensar.

Murió en circunstancias bastante lamentables, casi en la miseria, a pesar de los millones que tiene en propiedades en toda la ciudad. Su mezquindad tal vez fue su Waterloo.

Parada frente a su ataúd en lo único que pude pensar fue en mi papá, en sus ganas de conocerlo, de hablar con él y de alguna u otra manera comprobar su existencia. Inmediatamente después pensé en la frialdad de ese señor (valga la ironía) sus negativas de siempre y su triste final.

El cuadro era verdaderamente desolador, un par de parientes llorando, dos o tres personas que alguna vez cruzaron palabras con él, y yo, una nieta que no conoció y que probablemente nunca quiso conocer.

Su entierro fue justo el mismo día del cumpleaños número 47 de mi papá. Supe que aquellos pocos que lo acompañaron hicieron todo el esfuerzo posible por hacer de ese entierro digno, y de evitar cualquier cosa que recuerde que Carlos murió en bajo el cuidado de unas monjas como indigente, mientras miles de escrituras lo reconocían como dueño de millonarias propiedades, que murió solo cuando en el mundo había un hombre que hubiera querido conversar solo un momento con él, que murió triste y enfrentado con los que sí reconocía como familia, cuando aquella que nunca quiso conocer estaba más unida que nunca.

Cosechamos lo que sembramos.

domingo, agosto 01, 2010

Mañana habrá promesas

El otro lado de la acera lo trajo.
Era un fantasma y ella la hija de la madre angustia.
Frío, vacío, miedo, decepción. El ciclo se repite mientras ella corre en círculos tratando de salir.

Corre y se encierra en esas cuatro paredes que la vieron llorar, las mismas cuatro que ahora la ven luchar. Su angustia es tan grande que no le deja espacio para respirar.

Tal vez mañana encuentre la salida, tal vez mañana levante la cabeza y escape por el techo. Tal vez la angustia con el tiempo se haga más pequeña, o tal vez ese triste fantasma se desvanezca.

Mientras tanto ella, arrinconada en una esquina, canta, canta lo más fuerte que puede sin importarle la falta de oxígeno.

Canta para no recordar lo que fue, canta pensando en mañana, en lo que será cuando la angustia, el miedo y el fantasma se hayan ido, cuando ella sea ella.

Canta sabiendo que esto también pasará, que mañana será luz, y que la sombra será solamente eso, la proyección de su ser de luz.

Canción para mañana / Los Bunkers